No tengo más energía en el cuerpo.
Sólo una profunda tristeza,
como si estuviera flotando,
desapegada de la vida.
Voy presintiendo la enorme distancia,
el tiempo que pasará irremediablemente.
Luego serán recuerdos, imágenes y destellos
de una realidad que vamos acomodando con los años.
Puedo verme en el débil tejido,
una delgada línea me conecta con la infancia,
son hebras sutiles, atrás los recuerdos,
muchos recuerdos, todas las imágenes,
ahora hacia atrás.
Puedo verme pequeña, indefensa y a la vez cubierta,
bajo su fuerza, bajo su enorme protección,
siempre cobijada y él ocupándose de todo,
una gran familia, dos, tres, muchas personas
y él siempre ocupándose.
Tengo la mirada débil,
todos tenemos derecho al repliegue,
al círculo que nos permita su partida,
ninguno de nosotros será imprescindible.
Nadie.
Y ahora que te vas, padre mío querido
pienso en tu viaje y digo
se libre, crece, completo en otras energías,
a donde quiera que sea, estaré acompañándote.
Somos apenas una continuidad de historias personales,
y yo me quedo acá,
haciendo de tu vida en la mía
esta herencia de humanidad.
12 de agosto de 2003
(pasados casi siete años)
Eugenia Prado

1 comentarios:
Belleza en su poema, lindura profunda de su espíritu.
Gracias, me emocioné mucho leyéndolo.
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