martes 7 de julio de 2009


La pupila intacta, sobre el cierre eclair ebuye brotando el movimiento de los peces, una brisa de mar parpadea, una vez abierto el sexo su fragancia. Me entumezco. Adormecidos de vencer el pulso cuando encabritándonos la fuente aclara en nuestros tímpanos. Es en ese momento cuando nos hacemos cuenca, pedazo de párpado henchido, cuando nos hacemos párpado y henchida me toma entre los brazos y desde la hendidura enclava especias sobre ese torso que es tan nuestro, tan mío. Sobre la mesa, el par de especias perfumadas, en el rincón, quieta ella, la gran madre, toda ella, replegada de sus puntas.