Simulas. No quieres despertar. No quieres reconocerlo. Menos quisieras sus palabras esta noche. Son conexiones de máquinas que colapsan, engranajes imperfectos dañados en sus extensiones. No quisieras así la fragilidad, sin embargo, es como te sientes, y eres tú quien ha decidido permanecer en ese lugar y no otro. El daño crece. No soportas estarse importunando cuando las madejas son invisibles y en la proximidad puedes sentir las delgadas hebras ceder, destejerse. Puedes ver la puerta de calle al abrirse. Ver al hombre salir una y otra vez. Perdidos los antiguos vínculos, recuerdas las risas atrapadas en el interior de un cofre que apoyado contra el aparador de una casa de familia contiene una pequeña botella con papelitos escondidos de mínima escritura. Años después, recuperas ese instante. Puedes verlos avanzar por la pasarela de una galería habitada de próceres nacionales. Irradiados bajo el tecnicolor de una luz cenital, ellos apenas se cruzan, sus miradas tiemblan. La historia va y vuelve, a menudo nos topamos. Un abrazo y de inmediato las risas. La escena será imborrable.




1 comentarios:
Tanto tiempo Eugenia, como estas?
Te mandé un mail hace poco. Bah, dos o tres meses. ¿Te llegó?
Espero retomemos contacto, a pesar de la cordillera de por medio.
Abrazo grande
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